jueves, 24 de noviembre de 2011

El Piso de un Descerebrado

llega al rincón del Perroverdeverde con la autorización de hablar en plena libertad de lo que realmente importa.





Hoy toca desahucios y si hay algo que nunca entenderé es la prepotencia que hemos tenido siempre en España, un país que ha sido siempre prospero y que llenó de pájaros la cabeza de muchos ingenuos que viéndose con un buen sueldo en un trabajo que creían prometedor se metieron hasta la ceja en comprar lo que nunca se podían permitir.


Generalizar es siempre malo, pero hoy no lo voy a hacer, simplemente haré referencia a los descerebrados que no sólo han estropeado su vida, es que además están arrastrando a sus familias.

Hablamos de los que con un buen sueldo en un trabajo que ellos creían prometedor se lanzaron a la aventura de comprar piso, pero no se conformaban con un piso cualquiera, lo suyo era un adosado con piscina y gimnasio, eran jóvenes que manejaban muchas “pelas” y 300.000 euros se pensaban que lo podían pagar con la “minga”.

Acusamos a los bancos muchas veces injustamente, estos bancos ante los sueños desmesurados de estos jóvenes sí que les concedía el crédito, pero bien claro imponían que les hacía falta que llevaran un aval ya que de tontos los bancos no tienen ni un pelo.

Pero estos jóvenes deseaban alcanzar el sueño de los millonarios y tener una vivienda de escándalo, así que convencían a sus padres o hermanos para que les avalasen, tenían “pelas” y cenando en buenos restaurantes con buen vino, conseguían convencer hasta a sus amigos más íntimos para que les pusieran la firma que avalase el lío en el que se iban a meter.

Somos libres de querer vivir como nos de la gana, tenemos dinero y nos lo podíamos permitir, es con la excusa con la que se presentan ante el banco ya que ahora no tienen trabajo y no tienen “pelas” con las que afrontar sus deudas, el banco impasible y en función de sus facultades apela a los avales para recuperar el dinero dejado a un descerebrado.

Llaman al teléfono de los papás, son los del banco, el mundo se hunde a sus pies, o afrontan la deuda avalada a su hijo soñador o tendrán que entregar su honor, su palabra, su piso en cuestión que es lo que firmaron en un papel y es lo que se debe de cumplir.

Lloran amargamente, ven estos padres a sus hijos gritar “los bancos son ladrones” y salir con pancartas a la calle “exigiendo” volver a ser unos descerebrados.

Con todo perdido, estos avalistas ven toda su vida desaparecer y lloran amargamente, estos padres son de una generación que entienden el poder de una firma, el valor de una palabra y no se quejan, simple y amargamente le dicen a su hijo: Ya de dije que eso era mucho para ti, pero no me hiciste caso.

Estos descerebrados además son desagradecidos, alegan que hay una crisis y que no les hubieran firmado el aval si tan mal lo veían.

Hoy hablamos de desahucios y les digo con sinceridad, lo que les ocurre a estos descerebrados me da igual, si soñaron con vivir como reyes, ahora sin pasta que sueñen con... no deseo ser mal educado.

Pero por otro lado comparto el dolor de esos pobres mayores que avalaron y ven toda una vida de sacrifico embargada por culpa del amor, por no querer romper los sueños infames de esos cuervos que han criado y ahora les dejan abandonados en la puerta del banco teniendo que entregar las llaves.

Todos en esta vida tenemos que conocer nuestros límites, tener nuestros sueños y hacer posibles sólo aquellos que realmente se pueden conseguir.

Dedico este artículo a unos conocidos, son unos padres que se verán pronto en la calle por culpa de un descerebrado que hoy sin trabajo, no para de decir a diario “ha sido la crisis”, “yo soy libre de cumplir mis sueños”, “no hubierais firmado que nadie os obligó”...
Existen muchos casos distintos, pero hoy nos hemos centrado en los que no llevan ninguna razón para quejarse, bajo mi humilde opinión.
Y sin generalizar ¿Cuantos casos conocen ustedes como el que les cuento? Y por si lo piensan, no me pregunten que ya les voy a contestar por adelantado, el descerebrado no me da ninguna pena y sí qué me gustaría que el Gobierno encontrara una solución para que esos padres no perdieran su piso, sobre todo porque asumen con honor aquello que firmaron y aunque se lo quiten del comer, cumplirían con su contrato si pudieran hasta el último céntimo avalado.